En la adoración el pueblo de Dios reconoce su presencia tanto en el mundo como en su vida. Nuestra adoración cristiana manifiesta alegremente toda alabanza y honor, gloria y poder a nuestro Dios trino, Padre Hijo y Espíritu Santo. Respondemos a Dios y a su acción redentora en Jesucristo, por medio de nuestra adoración somos transformados y renovados. Nos ofrecemos así mismos a Dios, y somos equipados para su servicio en el mundo. Cuando estamos delante de Dios, nuestra reacción es darle loor, mostrarle nuestro amor y gratitud, confesar nuestro pecado, escuchar su Palabra leída y explicada, darle gloria con la música y cantos, elevar nuestras oraciones de arrepentimiento, gratitud y suplica, interceder por nuestros hermanos y hermanas, dar nuestros testimonios y ofrendas.